Los “comunistas” de Carmen del Paraná
Por Eduardo Quintana - MUPA

A 325 kilómetros de Asunción y a 35 de Encarnación, Carmen del Paraná suele venderse con postales previsibles de playa, verano y río. Pero detrás del brillo de sus aguas y del murmullo turístico, hay una historia más incómoda, menos soleada; relatos que no se cuentan en los folletos.
A pocos metros de la Playa Tacuary, un parque recuerda la batalla del 19 de marzo de 1811: allí se enfrentaron las fuerzas de las Provincias Unidas del Río de la Plata, comandadas por Manuel Belgrano, y las tropas de la entonces Provincia del Paraguay, bajo el mando de Manuel Atanasio Cabañas. Esta derrota militar se terminaría convirtiendo, paradójicamente, en uno de los episodios históricos que precipitaron la independencia de nuestro país tan solo semanas después.
En esta plaza conviven los bustos de próceres, estatuas pertenecientes a ambos oficiales al mando y, a su vez, la figura de Pedro Ríos, el “Tamborcito de Tacuary”; niño soldado caído en combate, cuya imagen resume el drama humano detrás de las gestas épicas.

Más atrás en el tiempo, durante las misiones jesuíticas, existió aquí un oratorio. Y en 1843, ya en tiempos del Consulado, el distrito fue oficialmente fundado. Pero la historia de Carmen del Paraná no fue lineal ni amable. En 1865, durante la Guerra contra la Triple Alianza, su ubicación estratégica la convirtió en territorio vulnerable. Fue evacuada. Se despobló y muchos no regresaron.
Los que volvieron (o llegaron después) rehicieron el tejido social. Pobladores de San Cosme, Yuty y Caazapá; migrantes de Brasil y Argentina; y un poco más tarde sirios, libaneses, serbios, polacos, checos, alemanes y ucranianos. Carmen se convirtió en una trama de acentos y memorias superpuestas.
Esa diversidad es clave para entender lo que ocurrió décadas más tarde.
Un museo en la entrada, una memoria bajo el agua
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A la entrada de la ciudad, el Museo Histórico Ferroviario se levanta como un gesto de resistencia contra el olvido. El edificio fue rescatado y trasladado para preservar lo que el agua amenazaba con borrar. Cuando el embalse de Yacyretá elevó su nivel, partes de Carmen, Encarnación y otros distritos quedaron sumergidas. El paisaje cambió. También la memoria física del territorio.
El acceso al museo, dependiente de la Secretaría de Desarrollo y Turismo de la municipalidad, es gratuito.
Antes de ingresar, una estructura metálica que perteneció al antiguo puente y algunos vagones un poco oxidados anuncian que aquí el tren no es solo nostalgia sino es identidad. Los trabajadores de la comuna cortan los yuyos y pastos alrededor.
La estación de Carmen del Paraná fue la penúltima antes de Encarnación. El museo conserva fotografías, boletos originales, un telégrafo, una máquina de escribir Olympia SM-9 De Luxe, y una caja fuerte Chubb que domina la primera sala como un símbolo de otro tiempo, cuando el ferrocarril articulaba economía, comunicación y esperanza.
En la sala siguiente, la curaduría abandona la línea férrea y se abre a la vida cotidiana. Radios antiguas, ollas de hierro, serruchos, máquina de moler carne, cantimploras, planchas pesadas y una máquina de coser capturan una época ya inexistente. Objetos domésticos que narran cómo se vivía en la región. Pero en medio de esa escenografía casi costumbrista aparece la fractura.
Un panel habla de los “años turbulentos”.
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De la guerra a la dictadura
Durante la Guerra Civil de 1947, los colonos, muchos de ellos descendientes de inmigrantes eslavos, fueron blanco fácil de bandas armadas de ambos bandos. Saqueos, violencia y sospechas. La inestabilidad política convirtió la diferencia cultural en una vulnerabilidad.
Más adelante, bajo la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), esa sospecha se transformó en política de Estado. En el clima de paranoia anticomunista que marcó al régimen totalitario, ciudadanos de origen soviético o eslavo fueron convertidos en chivos expiatorios por el solo hecho de su procedencia. No importaban trayectorias personales ni arraigo. Bastaba el apellido.
El museo lo dice con claridad: la paranoia ideológica encontró en ellos un blanco conveniente.
"Durante la guerra civil, los colonos fueron víctimas fáciles de bandas paramilitares de ambas facciones que los saquearon sin piedad y más adelante la dictadura stronista los convirtió en chivos expiatorios de su paranoia comunista por el solo hechos de ser de origen eslavo", dice directamente el museo.
Muchos volvieron a migrar. Hacia otras regiones del Paraguay o hacia la Argentina. La población descendió y nunca volvió a alcanzar los niveles de antaño. La herida demográfica es también cultural.
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Esta persecución no es una versión local exagerada: está documentada en el informe final de la Comisión Verdad y Justicia, que recogió testimonios y archivos sobre violaciones de derechos humanos durante el stronismo.
En la misma sala donde se recuerda esa persecución, cuatro fotografías muestran platos típicos europeos: holubtsi (holupchi), knedlíky, varenyky y borsch. Gastronomía como resistencia. Cultura como afirmación frente al estigma.
Capital del arroz producido en Misiones
Otra sala del museo se detiene en la agricultura, base económica histórica del distrito. Carmen del Paraná mantiene el título de Capital del Arroz, aunque gran parte de la producción provenga hoy del departamento de Misiones y aquí se procese. La economía cambió, pero el rótulo persiste como marca identitaria.
La última sala reúne maniquíes de inmigrantes con instrumentos musicales, referencias al antiguo oratorio de Tupã Ra’y y a la batalla de Tacuary. Es una síntesis casi teatral de las capas que componen la ciudad: fe, guerra, migración, trabajo.
El Museo Histórico Ferroviario de Carmen del Paraná demuestra que el patrimonio no es una colección de objetos, sino una toma de posición frente al pasado.
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Al incluir la persecución de los llamados “comunistas” dentro del relato local, el museo amplía el concepto de memoria pública. No solo honra gestas militares o hitos productivos, sino que incorpora el conflicto, la estigmatización y el miedo como parte constitutiva de la identidad.
Esa decisión curatorial es, en sí misma, un acto político en el mejor sentido del término, porque aquí significa elegir recordar.
En una ciudad que hoy se proyecta como destino turístico, el museo recuerda que toda comunidad está hecha de capas superpuestas (épica, migración, trabajo, trauma) y que el verdadero patrimonio es la capacidad de narrarlas sin omitir sus sombras.
Porque solo cuando la memoria incluye lo incómodo deja de ser postal y se convierte en conciencia.

Referencias
- Comisión de Verdad y Justicia. (2008). Informe final: Anive haguã oiko (Conclusiones y recomendaciones). Asunción, Paraguay: Comisión de Verdad y Justicia.
- Galeano, L., & Orué Pozzo, A. (2012). Exilio político y género: El caso de Carmen del Paraná–Colonia Fram. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata.
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